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Tres mujeres, tres historias de superación y tres visiones sobre la autonomía corporal en Cuba

27 Abril 2021
Presentación nacional del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2021
Presentación nacional del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2021

Ilustración tomada del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2021: “Mi cuerpo me pertenece. Reclamar el derecho a la autonomía y la autodeterminación”. Artista: Hülya Özdemir

 

Karla, Naomi y Daisy son una adolescente y dos mujeres que han tomado las principales decisiones sobre su cuerpo, su sexualidad y su salud. Ellas han aprendido, han superado obstáculos… y pueden decir que ejercen su derecho a la autonomía corporal.

Este es el tema central del Informe sobre el Estado de la Población Mundial 2021: “Mi cuerpo me pertenece. Reclamar el derecho a la autonomía y la autodeterminación”, lanzado recientemente por el UNFPA, Fondo de Población de las Naciones Unidas.

La autonomía corporal es un aspecto central en el ejercicio de los derechos humanos, que está estrechamente relacionado con la autonomía política y económica. Significa tener el poder y la capacidad de actuación necesarios para tomar decisiones sobre el cuerpo, sin temor a la violencia y sin que alguien decida por nosotras y nosotros. También representa el derecho a tomar decisiones que afectan la vida y el futuro. El derecho a la autonomía corporal, como expresión de la igualdad de género, es imprescindible para alcanzar el desarrollo sostenible.

El asunto ya había sido incorporado en los Compromisos de la Cumbre de Nairobi, celebrada en noviembre de 2019 en Kenya. Allí, el UNFPA, los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil acordaron llevar a cabo acciones para “para proteger y garantizar el derecho de todas las personas a la integridad y la autonomía corporal y los derechos reproductivos, además de proporcionar acceso a servicios esenciales en apoyo a estos derechos”.

En Cuba hay leyes que garantizan el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos. También existen programas de instituciones de salud y educación que amparan el ejercicio de este derecho. Por ejemplo, Karla Ayamey Núñez Puig, quien tiene 18 años y es estudiante de la Escuela de Profesores de Educación Física “Manuel Fajardo”, ha recibido información en la escuela sobre el uso de métodos de protección durante las relaciones sexuales.

La madre de Karla siempre ha conversado con ella sobre sexualidad y la ha preparado para que la viva de una manera plena. Ella emplea el preservativo como principal método anticonceptivo. “Es para mí el más seguro y el menos invasivo. Antes de tener relaciones sexuales, siempre me cercioro de que esté en óptimo estado para su uso”.

 

 

“Si en un momento determinado este medio no fuera eficaz, yo acudiría a una consulta ginecológica para que me orientaran sobre qué tipo de anticonceptivo utilizar, siempre que sea de mi agrado, y así podría continuar con una vida sexual saludable”, asevera Karla.

Su testimonio es un ejemplo positivo del ejercicio del derecho a la autonomía corporal, cuando se estima que en el mundo solo el 55% de las mujeres y adolescentes están en condiciones de ejercerlo.  

Durante la presentación nacional del Informe, Marisol Alfonso de Armas, Representante Auxiliar del UNFPA en Cuba definió cuáles son las tres dimensiones que se emplean para medir el ejercicio de la autonomía corporal. Estas dimensiones están recogidas en el indicador 5.6.1 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible: si una persona puede tomar sus propias decisiones informadas sobre la atención de su salud, incluida la sexual y reproductiva (SSR), sobre la utilización o no de métodos anticonceptivos, y sobre si desea o no mantener relaciones sexuales y con quién, esa persona ejerce su derecho a la autonomía corporal.

Además, recalcó que: “la autonomía corporal sienta las bases para el disfrute de otros derechos, porque es muy difícil ejercer otros derechos si no tenemos el derecho sobre nuestro propio cuerpo”.

Esto último ha sido esencial para la Dra. Naomi Castillo, de 39 años. Ella es especialista de Primer Grado en Oftalmología.

“Las decisiones sobre mi cuerpo y mi sexualidad las tomé yo cuando decidí que tenía una identidad de género transexual, cuando me di cuenta de que ya no cabía en un cuerpo masculino”. Según dijo, este proceso estuvo atravesado por “numerosos factores como la familia, la sociedad, y el reconocimiento de una misma, que está preparada para este cambio”.

“Mi recorrido ha sido largo y muy difícil, ya que lograr la autonomía corporal como mujer trans fue bastante complicado por el bullying, la homofobia y la transfobia. Son muchos los obstáculos que la vida nos hace enfrentar, pero de eso tenemos que quedarnos con lo positivo que es lo que nos permite avanzar y llegar a cumplir nuestras metas”.

Al respecto aclara, “nada me detuvo y logré mi sueño de ser lo que hoy soy: una mujer transgénero”.

 

 

En este recorrido, su vinculación al Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) le aportó “conocimiento y empoderamiento para no ser afectada por factores externos que te desvinculan de alcanzar tu objetivo”.

En su exposición sobre el informe, Alfonso detalló que, junto a las mujeres, las adolescentes, las niñas, las personas con discapacidad y las minorías étnicas, la población LGBTI es considerada en el documento como un grupo que se encuentra en condiciones de vulnerabilidad a la hora de ejercer el derecho a la autonomía corporal.

Además, señaló que: “la autonomía corporal no existe por sí sola. Ella está relacionada con el control que tenemos en otros ámbitos de nuestras vidas. Y esto ocurre conectado con los ámbitos jurídico y económico, con las escuelas, los medios de comunicación, las instituciones de salud; por lo tanto, es importante entender que la autonomía corporal no se va a lograr si no tenemos también control y autonomía en otros ámbitos de nuestras vidas porque están totalmente relacionados”.

En el caso de Naomi, ella ha logrado ser autónoma también en otras esferas de su vida, ha logrado alcanzar metas profesionales elevadas y el reconocimiento por sus servicios como médica. Actualmente es, además, activista en pos de la visibilidad de las personas trans en Cuba.

Sobreviviente al cáncer de mamas, Daisy Oramas forma parte del Proyecto Alas por la Vida, un grupo de apoyo a pacientes mastectomisadas. Después de debutar con la enfermedad durante el climaterio, tomó la decisión de operarse y tuvo “un gran apoyo familiar” así como la ayuda de las personas de su centro de trabajo. Ahora trasmite fuerza y apoyo: “esta es una enfermedad con la que se puede lidiar e incluso vencer. Tiene cura si se detecta a tiempo. No debemos huir del examen de mamas y si es necesario enfrentarse a un proceso operatorio, la primera cosa es pensar que hay que salvar la vida”.